El diálogo en el hogar

Uno de los ingredientes principales que contribuye a que los lazos del hogar se mantengan sólidos y saludables es el diálogo. Mantener una comunicación saludable con las personas produce una mayor confianza y seguridad en la relación. No se trata que solo aparezca cuando se busque solucionar un conflicto. El diálogo debe formar parte de nuestras rutinas. Darnos tiempo para conversar con el otro da la oportunidad de conocerlo más y entenderlo.

Muchas veces, en la convivencia, se pierde el interés por saber cómo se encuentra el otro. Existe la falsa creencia que, con verlo, ya se puede saber cómo se siente. Crear un espacio dónde se hable sobre el día de uno debería ser un nuevo hábito, donde no solo se trate lo que has hecho en el día sino también de cómo uno se siente al respecto de ello.  Al principio, puede parecer incómodo, y es probable que la conversación se llene de vacíos o de miradas de vergüenza, sobre todo, si nunca se ha generado este tipo de ambiente.

                                                                                                                              

No obstante, estos momentos de incomodidad son momentáneos si buscamos integrar la comunicación en nuestras rutinas. Por esta razón, encontrar un momento del día y un lugar es fundamental para crear espacios de diálogo. Preguntar al otro cómo está de forma automática da la sensación de falta de interés, además de que genera silencios incómodos.

La intención es producir un ambiente de confianza a través de la comunicación. Para eso, es importante escuchar lo que nos dice el otro. Sobre todo, si vivimos con niños/as que necesitan sentir que son tomados en cuenta en la familia. Generar un espacio de diálogo con los niños contribuye a su autoestima, puesto que lo estás integrando dentro de las opiniones familiares.

Demasiadas veces a los niños se les minimiza porque se cree que todavía no están en la edad de tomar decisiones. No obstante, escucharlo trae beneficios para que ellos se sientan seguros de sí mismo. Además de que desarrollarían la capacidad de expresar sus sentimientos sin temor.

Pero esto no es solo a los niños, también incluye a las parejas y hasta a la familia entera. No permitamos que los malos hábitos de la cotidianidad arruinen lo importante que es saber cómo se siente el otro. Si lo aplicamos correctamente a nuestras vidas desarrollaremos la capacidad de admitir nuestros errores, como también, de tolerancia hacia el resto.

Es hora de practicarlo.

¿Encuentras valioso
nuestro contenido?

Enlaces Útiles

Redes Sociales